Dietas

Dietas sin estrés

Dietas sin estrés

Quizás seas una de esas mujeres felices con su cuerpo que por motivos de salud, más que estéticos, tienen que hacer un cambio en su alimentación. O ya los años se cobran todos ponquesitos y tortas que te comiste en el pasado. Tan solo quieres bajar unas tallas para ponerte ese vestido que deseas.

Sean cuales sean tus motivos el primer paso siempre es difícil y comenzar una dieta requiere de muchos pasos.

Lo primero que debes hacer es mentalizarte para el proceso. Cambiar de hábitos implicar salirse de la zona de confort alimenticio para aventurare a probar otros sabores con suerte de por vida. Sentirás mucha hambre y ansiedad las primeras semanas,  al disminuir las porciones a las que estabas acostumbradas y será muy duro compartir la mesa con alguien que no esté a dieta.

Así que ten calma y mantente activa. El ocio por lo general nos arrastra a la nevera o alacena.

Teniendo en cuenta esto, solo resta quitar esas viejas tela de arañas llamadas paradigmas que nos dicen que hacer dieta es literalmente pasar hambre.

Quizás antiguamente a la gente le funcionada no desayunar o cenar para mantener su peso, comer pocas veces al día ensalada y atún todos los días. Gracias a Dios hoy en día la cosa es menos rígida y más variada, puedes comer hasta 5 o 6 veces al día, pequeñas cantidades que satisfagan tus necesidades alimenticias sin llenar hasta el tope tu estomago.

La gran interrogantes es qué puedo o no comer, y como adapto mi estilo de vida a tantos refrigerios.

Pues simple: identifica tus motivos para iniciar una dieta (salud o estética), independientemente de cuál sea tu razón, nunca subestimes los conocimientos de un profesional, en este caso los nutricionistas, ellos te medirán y pesarán aportándote la información que se ajuste a tu edad y condiciones especiales.

Sin embargo, puedes aplicar principios básicos de alimentación por tu cuenta que no te perjudicarán, como por ejemplo:

Consumir menos grasas. Elige los alimentos preparados al vapor, a la plancha o parrilla, lácteos con bajos niveles de grasas, carnes magras y blancas, nada de margarinas, mantequillas o mayonesas. Mejor cámbialos por ensaladas con aceite de oliva o almendras para aportar las grasas naturales que necesita tu cuerpo.

Ve a lo natural. Muchas veces por el trajín del día a día es más fácil comerse una hamburguesa, un paquete de papas o tomarse una de esas mezclas milagrosas que aseguran ser 100% natural. Observa con atención y notaras que ¡en la naturaleza nada viene en polvo o granulado listo para preparar!

No quiere decir que no puedas utilizarlos, sino que trates de establecer un equilibrio. Agrega  más frutas y verduras a tu dieta, sobre todo aquellas que sean ricas en fibra y bajas en almidones que puedan convertirse en azúcares.

Elije tomar agua antes que jugos o bebidas gaseosas, consumir alimentos instantáneos en vez de comidas sanas y frescas. Y no te dejes engañar, los guisos, hervidos o carnes muy condimentadas por muy naturales que sean contienen  grasas y almidones dañitos el cuerpo. Se moderado a la hora de sazonar tus alimentos.

Y sobre todo ve poco a poco pero con pasos firmes. No reduzcas drásticamente las porciones, ni te dedique a comer solo ensaladas. Tu organismo requiere de carbohidratos, frutas que lo llenen de energía, cereales y granos que complementen tu alimentación. Puedes alternarlos una vez por semana para que no te parezca monótona tu alimentación y verás como iras creando un hábito del que te sentirás orgullosa.

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